Nosotros “los nobles”

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Por Carlos Morán/ Zona Libre

Es difícil que un padre logre ver a su propia hija cuando aparece en público vestida como “zorra”, para ellos la zorra es la que pulula en el mundo bajo, la que se mueve en autobuses públicos, su niña no. La hija promiscua no existe, es más bien una “niña bien”, liberal, que aprende a copular en un buen colegio religioso, sin embargo puta es, aquella que no tiene auto y que fornica con su novio en un callejón del vecindario o un motel, porque la niña bien lo hace siempre en casa, cuando sus padres están ausentes y presentes en obras de beneficencia que les pule el linaje.

La señora de la tanda que le baja el cuero a las hijas de las demás lo hace porque tiene que gritar más fuerte lo de la casa de enfrente para que los pujidos de las suyas no se escuche, porque las suyas no han salido de casa como las muchachas humildes, portando honrosamente el vestido de novia; Tiene más clase aquella dama que aguanta humillaciones y 30 años de golpes antes que poner en riesgo posición, apellido, manutención y el qué dirán, ¡Eso es clase!, según la dama de alcurnia.

El amor es ciego y el amor entre parejas tan débil que no hacen otra cosa más que ofertar una doble moral en sus hijos; les hacen creer que con auto nuevo, amistades selectas, colegio religioso fundado por pederasta situado hoy en fuego lento y guía moral otorgado por las domésticas guatemaltecas, les da categoría, un sitio inigualable y eso, eso es lo que vale en esta vida… Sí me equivoco puede comenzar a revisar la casa de la vecina. Pero eso quedo en el pasado, desde hace mucho cambié el tono de mi escritura, el nivel, para que las señoras de lectura de excusado, no se siguieran ofendiendo. Me volví más fuerte pero al no comprenderme por ignorancia natural, les dio tranquilidad y a mí mayor libertad para expresar.

Una vez escribí que sí estaba dispuesto a formar una familia y traer hijos a este mundo, que estaba bien, al fin de cuentas, cada quien trae los hijos que quiere de manera y forma responsable e irresponsablemente. Cierto es también que el exceso de amor logra crear una espesa niebla de humo que aleja a los padres de la verdadera realidad de los críos que poseen. Y es que el amor tiene esa magia, colocarnos en una plataforma blanda en donde la verdad tiene un rostro y la mentira se disfraza dándonos lo que deseamos ver o poseer.

La película “Nosotros los nobles”, ofrece, de manera simpática una cruda realidad de lo mucho que, críticos sociales hemos expuesto recibiendo insultos por destapar lo que a simple vista exhibe a padres que, lejos de reflexionar, deciden seguir viviendo en medio de una hoguera de vanidades y superficialidades que toman como estandarte de una clase social privilegiada alejada de la “prole” que, en muchos casos, tiene mayores principios y valores por la ausencia de plata.

Juniors, mirreyes, hipsters y lobukis fueron tomados por el director Gaz Alazraki y colocados delante de la cámara para convertirlos en los protagonistas de esta comedia que así como ha hecho reír a muchos, a mí de manera vergonzosa me obligó a reflexionar sobre las clases sociales y la forma en que se mueven y las ve la sociedad mexicana desde una barrera que en el discurso académico y religioso, luchan por una clase en lugar de buscar horizontes menos superfluos, con mejor silencio actoral que protagonizar de manera silenciosa la vergüenza de un hogar en donde no existen padres, ellos están durmiendo.

Basada en la película El Gran Calavera (Luís Buñuel, 1949), Nosotros los Nobles traslada hasta nuestros días la visión, los clichés y las burlas del modo de pensar del México de mediados del siglo pasado y actual. Esto también se puede apreciar en la influencia que tiene de producciones cinematográficas, como las protagonizadas por Pedro Infante o las dirigidas por el mismo Buñuel. El comparativo repercute incluso en la estética y el desarrollo de los personajes de esta ópera prima.

Al cine que se hace en este país, a diferencia del que nos llega de otros lados del mundo, se le tiene en un muy mal concepto, y generalmente estas críticas vienen del mismo público mexicano. Por eso se agradece que de vez en cuando el cine hecho en México ofrezca una calidad tal que, si no se supiera que es una producción nacional, se consideraría una comedia estadounidense, inglesa o francesa. Nosotros los nobles es un claro ejemplo de buen cine mexicano.

La cinta inicia con Germán Noble (Gonzalo Vega), el patriarca de la familia, quien debido a un accidente de salud se da cuenta de que sus hijos y única familia: Barbie, Javi y Charly, quienes no son otra cosa que unos completos inútiles que no han sabido aprovechar la oportunidad de haber tenido todo en la vida. Y, por el contrario, se la pasan despilfarrando y mal gastando la fortuna que tantos años y sacrificios le costó hacer a la familia de él, situación que lo hace enfrentarse a un repentino y lúcido pensamiento: enseñarles una lección de vida a sus hijos, una en la que aprendan el verdadero valor del dinero con una serie de descubrimientos que nos sacude el alma, y claro, que muchos padres e hijos como Germán Noble, no ven ni con el ejemplo en la pantalla grande.

Hasta aquí todo suena como si ésta fuera una historia mexicana normal y aburrida. Pero es justo después del accidente que el director le saca provecho a todas las situaciones que ocurren en la cinta. Nos muestra de manera irónica y acertada la forma de vida tan “completa” que tienen los mirreyes (de acuerdo al modo de pensar de ellos mismos); del mismo modo, nos revela la contraparte de quienes no comparten la visión de ese mundito, y consideran sus quejas huecas y sus situaciones cotidianas. Y en Tapachula todavía la gente “bien”, imprime en sus hijas el sello de sirvientas empujándolas para que se conviertan en reinitas de clubes y asociaciones, con el guión original y maquillado que les da “seguridad”… Seguridad en qué terreno…

Por ejemplo, mientras que “los nobles” pueden criticar a las meseras por usar minifaldas durante su trabajo, mismos que consideran uniformes de “zorra”, dentro de su círculo hueco está bien vestirse con ellas para ir a la escuela, salir de antro y ser aprovechadas por un solterón con síndrome de Peter Pan que solo cuenta con aires de altura y que las convierte en estrellitas de carpa haciéndoles creer a sus propios padres que, gracias a él, sus críos maduran, cuando les enseña a beber alcohol y a tener sus primeras experiencias en el mundo de las drogas en donde él escuda su verdadera identidad. Y los ejemplos en nuestra aldea están a la vista con nombres propios y no hay necesidad de mencionarlos.

La cinta ventila la historia de cada uno de los tres “Nobles”, jóvenes pretenciosos, fatuos, huecos de cerebro y ausentes de alma (tan comunes en muchas familias que se mofan de ser ellos mismos con astuta ironía); tan odiosos como estúpidos y adorables, quienes, por momentos y fuera de clichés moralistas y victimizadores, hacen que el espectador caiga en la cuenta de que, a pesar de que no siempre se tiene todo en la vida, hay quienes, con todas sus carencias materiales, poseen mucho más que un “noble”, con toda su abundancia y opulencia, nada que usted no sepa, querido lector.

Al final del día, la cinta consigue ser una buena propuesta para pasar un excelente rato en el cine. La moraleja de la historia es que todos, muy dentro de nosotros, tenemos algo de “nobles” y de “prole”. Lo primero es la ambición del común denominador y la segunda, la despreciada por quienes suponen ser los mejores simplemente por tener papá rico o poseer materialmente lo que los demás no ambicionan porque tienen sueños firmes en donde el valor y los principios morales impera, antes que una religión o colegio clasista puede pervertir en la conducta de los niños y niñas.

En fin, Nosotros los Nobles no se anda por las ramas ni es un estudio sociológico para modificar conciencias, tampoco creo que persigue premios. Creo que lo que sí busca con gran sencillez y honestidad es divertir y hacer reflexionar, sin duda en eso cumple ampliamente, porque tanto, como escarbar conciencias… eso lo veo difícil.

Para comentarios escríbeme a morancarlos.escobar@gmail.com

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